Dukkha: insatisfacción, pesar, desasosiego, sufrimiento en todas sus distintas formas.
En el Discurso de la Puesta en Movimiento de la Rueda de la Doctrina y el Discurso de los Cuatro Fundamentos de la Atención señala Buda que el nacimiento, la vejez y la enfermedad son sufrimiento, el no estar con lo que se quiere o desea, el estar con lo que no se quiere o se desea, el no alcanzar lo que se desea es sufrimiento. Y los “cinco agregados de la adherencia” son sufrimiento. Dukkha es una de las tres marcas o sellos de todo lo real: es común a toda existencia fenoménica, sea cual sea el tipo de ser al que nos refiramos, humano, animal y, tal vez forzando algo el concepto, vegetal e inerte.
Con esta tesis el budismo señala la inevitable vulnerabilidad de todo lo que hay, su fragilidad última, su no ser dueña absoluta de sí, el no estar blindadas totalmente las cosas al tiempo y la interacción finalmente devastadora que con ellas mantiene el resto del mundo. Es una idea muy interesante, y eficaz en muchos ámbitos; por ejemplo, para señalar uno que interesa de modo particular, porque nos hermana a todos los seres vivientes; no es muy difícil captar que hay una humanidad compartida en todos nosotros y, en gran medida porque estamos hechos del sufrimiento en sus muy variadas expresiones (y, por cierto, también de amor y de apetito íntimo de felicidad). Esta tesis ha dado lugar al malentendido según el cual es budismo ofrece una descripción pesimista de la vida, afirmación, sin duda, consecuencia de una visión superficial de la propuesta budista, que tanto insiste en la posibilidad de cambiar la mente y, con ello, nuestro “vivir en el cielo o en el infierno”.
Los tres tipos de sufrimiento:
- Dukkha-dukkha: El sufrimiento y el dolor físico o mental; es el más fácil de identificar y corresponde claramente a la enfermedad, la vejez y la muerte, la angustia, la depresión, el estrés, y las distintas formas de sufrimiento mental que en casos graves nos llevan al psicólogo.
- Viparinama-dukkha: Está ligado al deseo y la aversión y se puede experimentar en el continuum que va desde la ligera insatisfacción por experimentar una situación, cosa o persona que nos desagrada un poco o no alcanzar la que nos agrada un poco, hasta la desesperación extrema ante la pérdida de algo muy querido o vivido como fundamental (la vida de tu hijo o de ti mismo, por ejemplo), o la dificultad para alcanzar algo deseado con absoluta pasión. Sin duda tiene que ver con los “tres venenos” (apego, aversión e ignorancia), nuestro yo y la necesidad de su autoafirmación, y dos de las marcas o sellos de todo lo real (la impermanencia y el no-yo o ausencia de realidad intrínseca en todas las cosas).
- Sankhara-dukkha: Esta forma de sufrimiento es más difícil de identificar, pero es seguramente la que más influye en nuestra vida; tiene que ver con una insatisfacción o desasosiego existencial, que como un vago rumor escuchamos casi sin notarlo y que nos mueve en nuestros afanes por las cosas condicionadas (por decirlo a la manera budista) y, cuando lo vivimos con sinceridad, nos impulsa a ser buscadores (y, por ejemplo, hacernos budistas). Se podría relacionar con el aspecto de la persona que tanto han estudiado los psicólogos humanistas, la búsqueda de un sentido de nuestra vida, el afán por la comprensión radical del mundo y de la vida, en particular en su aspecto devastador, como la muerte, el desamparo y la injusticia, el sufrimiento no merecido y la fugacidad y gratuidad (contingencia, en términos filosóficos) aparente de la vida. Vendría a ser como la inquietud íntima que Neo siente en la película Matrix antes de su comprensión de la verdad y que le hace ser un buscador. Todos anhelamos plenitud y significado, de un modo más o menos consciente, y este afán va tejiendo de un modo eficaz o torpe la trama de nuestra vida. Es la dimensión del sufrimiento que más nos puede acercar al dharma y hacernos sinceros practicantes y la que de un modo tal vez irónico enseñan la presencia de la naturaleza de Buda en todos nosotros, aunque para la mayoría sin experimentarla conscientemente. En términos del mito de la caverna de Platón: sankhara-dukkha podría ser la inquietud que correspondería al prisionero por vivir en su condición, que ciertamente no corresponde a su naturaleza, y lo que le podría impulsar a reencontrarse de verdad, saliendo al mundo exterior y captando vivencialmente la luz del Sol como el fundamento de todo lo real.
Javier Echegoyen (Kōkan)

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